jueves, 30 de octubre de 2008

TEMBLANDO...

Mis pensamientos más profundos y un ferviente deseo de regresar a su cauce algunas situaciones provocadas por apatía, lograron que simplemente la pasara muy mal con ciertos vicios que adquirí, evidentemente incomodando a más de uno y alejándome muy a mí pesar de relatar lo acontecido; como tampoco es mi especialidad y en agradecimiento a quienes continúan asomándose por aquí, me desahogaré por episodios de algunos de estos sucesos.

Cuando cometes un error, los buenos resultados previos, desaparecen; sin embargo confiaba ingenuamente en que podría remediarse sin necesidad de que interviniera como en otras ocasiones, recurriendo al diálogo, el clima se puso algo tenso e incluso me disguste con quienes insinuaban que ya de una buena vez me acercara (humillara) para admitir que me había equivocado, escucharlo de tus dizque amigos, es una mentada. Sin embargo, me empeñé en que esta vez sería diferente y lo fue. Aunque suene cursi, recibí la disculpa que creo merecía desde hace bastante tiempo por parte de mi jefe y le agradezco porque extrañamente me quitó un peso de encima, intento corresponder a esta oportunidad; pero no logro asimilar que la fe se haya puesto de mí lado, de hecho vaticinaba mi futuro profesional demolido.

Y bueno, pues el título tiene que ver con un documental que se llama “Temblando ante Dios”, lo relaciono a esta entrada por varias razones; trata sobre personas homosexuales cuya ascendencia es Judía, lo cual acarrea problemas existenciales para ellos y sus familias, no muy lejano de la realidad en muchas religiones más, de entre los entrevistados, me identifiqué con un joven que al descubrir su orientación, con el miedo a ser repudiado por Dios, acudió al Rabino de su comunidad, un señor amable, de trato gentil, el cual le recomendó unirse a un grupo de misioneros, al parecer de liberación espiritual, transcurrieron varios años y volvió a su lugar natal, para revelarle al Rabino que no había logrado reprimir esos deseos, éste reconoció que su sentir era legítimo; pero, que debía asumirlo como una prueba de fe, esta vez recomendándole el celibato. Desilusionado, el joven regresa a medio oriente para desahogarse en el “Muro de los lamentos”, me conmovió como rodaban las lágrimas por sus mejillas, recargando la cabeza sobre el muro.

No me atrevo a juzgar las creencias, es muy delicado siquiera intentarlo, simplemente creo que la fe se pone a prueba diario, porque es poderosa y porque en verdad “mueve montañas”.