jueves, 28 de agosto de 2008

CORROÍDAS

“Tenía el cinismo en la cara y como no podía borrarle el cinismo, le borré la cara”. Son las infames palabras del personaje que lleva por nombre Ana “Corrosiva”, quien es interpretado por la actriz Cecilia Suárez, su crimen, utilizar ácido sulfúrico para castigar a su desposta e infiel pareja. Una de las protagonistas de la serie “Mujeres asesinas”, si bien es cierto, que en México las mujeres en vez de asesinas, son asesinadas y que la idea original fue importada de Argentina; con impactantes escenas, actuaciones destacadas y alto poder mercadológico, se convirtió en un suceso.

Las actrices de mayor trayectoria y futuras revelaciones, caracterizaron personajes que les valieron excelentes críticas, personajes ordinarios de la vida cotidiana, con acentuada psicosis como rasgo vulnerable. Es la idea que lograron retratar; el momento en que cae la gota que derrama el vaso y el maltrato presente en muchos casos desde la infancia como justificante para cometer un asesinato.

Simplemente incomprensible, a parte de cruel, compleja y todos esos adjetivos que le adjudicaron a la “realidad” en los promocionales, es el hecho de intentar justificar una vida corroída por las desafortunadas condiciones durante su desarrollo, en atentar contra la vida de un semejante. Sin embargo, los criminales son así, el sufrimiento que padecieron les da “derecho” a no sentir remordimiento por nadie; lamentables circunstancias que los impulsan a cometer los actos más cobardes porque no hayan otra salida. Dejar a un ser humano sin opciones, es aniquilarlo y es también ahí, donde creo que adoptan su horrible forma, las ideas de mentes trastornadas.

En ningún caso se justifica la violencia, porque sabemos que se engendra más. Estoy consternado por las tragedias ocurridas en fechas recientes en torno a los secuestros e inseguridad; ojalá y este tipo de series no incremente el odio entre sus engendros.

lunes, 25 de agosto de 2008

DIPLOMACIA LONDINENSE

La promesa de mantener la llama olímpica se ha encomendado a la emblemática ciudad de Londres, paradójicamente, por parte de quienes subyugaron durante años debido al tráfico de opio. Alivia el suponer ingenuamente, que si en un gesto de humildad los alcaldes de ambas ciudades caminaron y estrecharon sus manos cordialmente, también los problemas que vaticinan la decadencia de nuestra especie y amenazan seriamente nuestra permanencia en el planeta, nos permitan unirnos nuevamente en el 2012.

Igualmente me conmovió la participación de países que anteriormente no figuraban en las olimpiadas, tal vez no obtuvieron los resultados más impresionantes y su presencia pasó desapercibida; pero es un triunfo para la humanidad observar su entrega en las competencias, sus lágrimas y sonrisas porque finalmente, no son muy distintas a las nuestras.

Fueron destronadas las superpotencias, por lo que crecerá la expectativa sobre su recuperación; el futuro anfitrión no puede desligarse de su imagen opresiva y de altivez, repudiada por muchos. Seguramente serán favorecidos como ocurrió con los Chinos, sin menoscabo de las leyendas deportivas que surjan por realizar bien su trabajo, disipando los rumores y el escándalo.

En México, nos embargó la frustración; aun cuando cuatro deportistas inmortalizaron sus nombres por merito propio, podríamos emplear el incisivo “humor negro” de los Británicos para recriminar el deplorable estado en que la corrupción ha sumido no sólo al deporte, pocos periodistas se atrevieron a denunciar el mal desempeño de la delegación mexicana, sin desdeñar, parafraseando al periodista Carlos Loret de Mola, las historias del “México real”, colmadas de sacrificios sólo para clasificar a los olímpicos; pero aceptando que no han sido, ni serán suficientes el acumulado de años entre cada olimpiada, para mejorar en la próxima.

Las historias de valor humano lograron inspirarnos; cuando las condiciones impiden desarrollar nuestro potencial, en un golpe de suerte, se puede encontrar satisfacción al representar a otro país, esas historias también tuvieron voz en Beijing.

sábado, 9 de agosto de 2008

DE VUELTA AL NIDO...

Clive Rose/Getty Images (Fox Sports Latin America)


La milenaria cultura China, es anfitriona de los juegos olímpicos de este verano; en fecha cabalística, presagiando a la suerte de su lado. Sólo para recordarnos lo imponente de su arquitectura, se construyó un estadio con forma caprichosa, el "nido" de pájaro, reemplazando las frágiles varitas de madera, por toneladas de acero; pero, cuyo propósito es el mismo: esperar con ansias la llegada de nuevos visitantes.

El gran dragón rojo abre sus fauces, demostrando el esplendor de épocas pasadas, en una ceremonia inaugural donde la pieza clave, fue la participación de los voluntarios que asombraron por su perfecta coordinación e ingenio.

Un esfuerzo descomunal por parte de los ciudadanos chinos, para recibir con el mejor ánimo a quienes seguramente harán vibrar cada uno de sus recintos, en las diferentes disciplinas; enalteciendo nuestra condición humana, durante los enfrentamientos más nobles, cuando por instantes, se nos acelere el ritmo cardíaco y nos arrebaten el aliento con sus proezas.

En lo personal me agrada revivir con cada inauguración el famoso "espíritu olímpico", recordando que lejos de las diferencias podemos convivir en armonía. A pesar, de todos los vicios e intereses envueltos, creo en la esencia y esperanza renovada, transmitidas a las nuevas generaciones.