viernes, 13 de julio de 2007

LA VIDA URBANA

Las grandes ciudades ofrecen oportunidades que embriagan los sentidos, existen tantos elementos compitiendo por atraer nuestra atención, que simplemente el cerebro opta por descartar algunos, es una especie de ceguera a los detalles, el ritmo de vida es acelerado al grado de generar durante una hora de tráfico al ciudadano común, estrés equivalente o más alto al de un policía tratando de controlar una manifestación violenta; desarrollamos también otras características de supervivencia que como especie no poseíamos en tiempos remotos, los peligros a los que nos enfrentábamos si bien eran muchos, podían evitarse con el apoyo mutuo alertando a los demás miembros de la tribu, actualmente la única alternativa es protegerte a tí mismo, cada día se convierte entonces en un reto.

Los medios de comunicación y transporte han contribuido a la urbanización del entorno y a modificar nuestros patrones de conducta, las relaciones afectivas se vuelven complicadas, de hecho entablar amistad en términos de salud mental con más de cien personas es nocivo, el espacio vital que debiera contar con perímetro de un metro se reduce, el sentimiento de invasión ocasiona agresiones y los asaltos están a la orden del día; pero, entonces ¿Qué resulta tan atractivo de vivir en una gran ciudad? La mayoría opina que la diversión es un factor relevante, en la ciudad existen diferentes lugares donde gastar el tiempo libre, abiertos las 24 horas del día.

El bullicio y agitación de la vida nocturna es otra razón considerada atractiva; sin dejar de vista la posibilidad de lograr algún encuentro casual para satisfacer tus instintos, no puedo dejar de mencionar a Internet como una forma "confiable" en términos de conocer prospectos, sin exponerte a ciertos peligros; sin embargo, las decepciones son mayúsculas, una declaración apócrifa(fingida), una foto atractiva o empatía por las cualidades que dicen poseer, logran una vez más que el cerebro libere endorfinas, te sientas confiado e identificado, la personalidad se vuelve aberrante; pero, como en las ciudades nadie se percata, admiramos lo que reconocemos como "valentía", osadía diría yo, de probar lo diferente; en alguna ocasión recibí un correo de algún desorientado que aseguraba no ser homosexual, que le daba asco sólo pensarlo, pero que "alguien" le había proporcionado una felación(sexo oral) tan memorable, que si se volvía a dar la oportunidad no la rechazaría, definitivamente sentí desaprobación, no me asustó, ni nada por el estilo, recordé el programa que lleva el título de esta entrada y atiné a responderle que aunque en las ciudades la gente es frívola y el sexo casual es parte de la diversión, yo más bien lo tengo ubicado en segundo plano, un extra tras lograr un compromiso más formal y que aceptaba ser su amigo.

No recibí retroalimentación y comprendí que al menos yo no estoy completamente diseñado para vivir en las grandes ciudades, admiro a quienes se arriesgan y toman esa decisión trascendental, honestamente no puedo descartar la posibilidad de migrar, sería hipócrita, ya que concuerdo que los ingresos son mejores. Los siguientes experimentos que realizaron en dicho programa, comparando a una ciudad como Londres y otra que no recuerdo de ámbito rural, aclararon mi percepción: En el primero dejan una carta tirada a escasos centímetros del buzón, los amables pueblerinos la colocaron en el buzón inmediatamente y los londinenses la pisotearon. En el segundo aparece un jóven recostado en la calle (su aspecto no haría pensar que es un indigente, más bien, alguien que sufrió un accidente o un desmayo) los londinenses caminan tan rápido que si se percatan prefieren no acercarse, no vaya a ser un truco para asaltarlos, en cambio los pueblerinos se acercan a preguntarle si se encuentra bien. En otros experimentos finales que carecen de sustento científico se descubrió que las personas citadinas cometen más errores en actividades que requieren precisión o realizar cálculos

Curiosamente las personas que presentan como de la ciudad son jóvenes y en la comunidad rural son viejos, la migración a las ciudades es otro fenómeno no reciente, ni extraño; así como el hecho de que en la ciudad lo artificial se perciba como natural.

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